daturas, la nueva película de Guillermo del Toro ha conseguido convencer a casi la totalidad de la crítica internacional, y lo ha hecho con una historia de amor que se acerca mucho al cuento de hadas, al romance imposible de la bella y la bestia, una historia que tiene mucho del sello del mexicano, muchos rasgos que hacen fácilmente identificable que es él quien está detrás de la cámara. Una historia, por cierto, que recuerda bastante al cortometraje holandés The space between us (2015), por la que ha sido acusada de plagio, y con la que comparte una base argumental.

El cine de Del Toro es, decíamos, reconocible en sus formas y en sus contenidos. Siempre (o casi) hay personajes débiles en apariencia, que acaban haciendo alguna heroicidad, enfrentándose al peligro a pesar de todo; hay malvados, personajes crueles que intentan evitar que el primero logre su objetivo; y hay criaturas mágicas, místicas. Esta La forma del agua, por supuesto, no es una excepción.

Elisa Esposito es una joven muda que trabaja como limpiadora en un laboratorio del gobierno americano durante la Guerra Fría. Allí conocerá y se enamorará de una criatura anfibia capturada en Sudamérica y que se encuentra recluida para su investigación.

Estados Unidos, 2017 (123′).
Título original: The shape of water.
Dirección: Guillermo del Toro.
Producción: J. Miles Dale, Guillermo del Toro.
Guión: Guillermo del Toro, Vanessa Taylor.
Fotografía: Dan Laustsen.
Música: Alexandre Desplat.
Montaje: Sidney Wolinsky.
Intérpretes: Sally Hawkins (Elisa Esposito), Michael Shannon (Richard Strickland), Richard Jenkins (Giles), Octavia Spencer (Zelda Fuller), Michael Stuhlbarg (Dr. Robert Hoffstetler), Doug Jones (Hombre anfibio), David Hewlett (Fleming), Nick Searcy (General Hoyt), Stewart Arnott (Bernard), Nigel Bennett (Mihalkov).

Conocido el amor del director por las criaturas marinas (tritones, sirenas y otros semejantes), es esta la muestra más evidente, aunque no la única. De hecho, no son pocos los parecidos de la criatura con el Abe Sapiens de Hellboy, pero el propio Del Toro ha rechazado que sea el mismo.
Que Guillermo Del Toro es un enamorado del séptimo arte es más que evidente, y siempre hay algo que lo demuestra, como que Elisa viva encima de una sala de cine (o que la criatura se quede embelesada con una proyección); también hay referencias a otros ‘clásicos’ (la cita a La criatura del lago es innegable, o la ya mencionada a La Bella y la Bestia, algún trazo de E.T. y de Liberad a Willy, pero tampoco podemos dejar pasar que la protagonista es una Amelie en la América de los años 60…).

El diseño de producción es magnífico, visualmente presenta momentos mágicos, la fotografía es muy buena y el uso de la música está bastante bien (aunque hay momentos en los que estorba más que ayuda); pero lo que levanta el nivel de la película es el trabajo de Sally Hawkins. El principal problema de la película (que los tiene, y gordos) es que su guión es un revoltijo de ideas totalmente predecible, cuyo desarrollo se ve venir de muy lejos (es más, se nota tan poco interés en sorprender que ya el cartel promocional de la película cuenta el final de la misma… eso sí que es un señor spoiler); y claro, que sus personajes son planos, lineales, sin evolución alguna durante toda la trama. El malo sigue siendo igual de malo al final que la primera vez que aparece; la bondad de la protagonista y su vecino no tienen aristas ni dobleces; todo es muy básico en ese aspecto.

Del Toro es un maestro en lo suyo, y ha sabido crear un envoltorio bellísimo, una película que cuenta una hermosa historia de amor, con un mensaje político que se puede trasladar a la actualidad (aunque transcurra en plena Guerra Fría). Pero tampoco cuenta nada nuevo, nada que no hayamos visto ya; no sorprende, y la trama presenta ciertas incongruencias (algunas de peso).

Película La Forma del Agua

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