La conocida por todos como calle Real o Real de Sevilla, es la más antigua de Dos-Hermanas. Cuando allá en los últimos años del siglo XIV surge nuestra localidad como núcleo de población, lo hace a lo largo de un tramo de lo que en aquella época era el camino Real, que partiendo de la puerta de Jerez de la capital hispalense se dirigía a la vecina villa de Utrera y continuaba hasta los puertos gaditanos. Las casas de la primitiva aldea de ‘las Dos Hermanas’ y su iglesia de Santa Ana fueron creciendo al pie del citado camino, dando lugar a la calle Real, que durante un tiempo fue, incluso, la única de la población.

En cualquier caso, la primera vez que se menciona a esta vía con el nombre de calle Real es en una escritura de cesión de un solar, otorgada por Antón Martín Valeros el 19 de octubre de 1516. Por entonces era ya (como no podía ser de otra manera) la principal calle de la población, a la que daban otras tantas callejuelas sin denominación especial, que recibían el genérico nombre de ‘calles del Rey’.

Y siendo como era la más importante de la población, a lo largo de su dilatada Historia tuvieron casas en ella los principales personajes de Dos-Hermanas, la mayoría de ellos grandes hacendados vecinos de Sevilla. Por poner sólo unos ejemplos (la lista sería muy larga), en esta calle tenía una casa-mesón doña Leonor de Azamar (que luego pasaría a su hijo, el comerciante Juan Bautista de Grimaldo) en la primera mitad del siglo XVI, una casa-hacienda Esteban de la Guardia ya en el siglo XVIII y algunas casas los escribanos Luis Sarmiento y Sebastián González. Numerosos miembros de la familia Rivas tuvieron viviendas aquí, al igual que las hermandades de Santa Ana, Sacramental y de la Soledad.

También el caballero veinticuatro de Sevilla Pedro de Pineda tuvo en el primer tercio del siglo XVII una casa y bodega en esta vía, donde pasaría largas temporadas. Y, por supuesto, Pedro de Pedrosa, primer Señor de Dos-Hermanas, fue propietario de una casa-palacio con oratorio propio en esta calle Real, una casa que, con el tiempo, sería vendida por su hijo Alonso José de Pedrosa.

La calle Nuestra Señora de Valme (I)

¿Qué nombre tuvo?
Hasta el siglo XIX, para los nazarenos la calle Real era la actual avenida de Sevilla y las calles Nuestra Señora de Valme y Real de Utrera (hasta la esquina con calle Jesús de Grimarest). Sin embargo, en esta ocasión nos vamos a centrar en el tramo que corresponde a la actual calle Nuestra Señora de Valme. Ya en 1819 a este tramo se le conocía como Real de Sevilla, por conducir a la capital hispalense y con tal denominación llegó hasta 1870. En esa fecha es bautizada con el nombre de Machado y Núñez, en honor del famoso catedrático sevillano, abuelo de los insignes escritores Manuel y Antonio Machado, que pasó largas temporadas en nuestra localidad. En 1875, con la llegada de la Restauración borbónica, pasa a denominarse Isaac Peral, por el famoso inventor del submarino. Poco tiempo llevó ese nombre, pues en junio de 1897, al calor de las celebraciones por el nombramiento de la Virgen de Valme como Protectora Celestial de Dos-Hermanas, esta calle pasó a llevar el nombre de Nuestra Señora de Valme. En 1906, hubo un intento de cambiar su denominación por el de Alpériz Bustamante. Cuando en 1931 se proclamó la II República, se procedió a retirar la mayor parte de los nombres con connotaciones religiosas, y esta vía fue bautizada (muy a pesar de los vecinos de la calle) con el nombre de José Nakens, por el conocido periodista anarquista. Y a punto estuvo de llevar la denominación oficial de ‘Calle del Crimen’, por los hechos que tuvieron lugar en julio de 1931 de los que hablaremos en su debido momento. En 1937, vivió esta vía el último cambio de denominación. A partir de entonces, recobró su nombre de Nuestra Señora de Valme, que ha mantenido hasta la actualidad, aunque los nazarenos siguen llamándola calle Real.

Un salto en el tiempo

Dando un pequeño salto en el tiempo, a principios del siglo XIX, según se recoge en el padrón de la Contribución de 1819, la calle Real de Sevilla poseía cuarenta y una casas, tres de las cuales eran posadas: la de Brígida Aguado al inicio de la calle, la de Cristóbal de Cózar y la de Francisco Carrillo, esta última haciendo esquina con la calle del Canónigo y el Arenal. Y ya a finales de esa centuria, en 1892, el número de viviendas era de sesenta y cinco, y 243 los habitantes que residían en esta vía.

Para esos últimos años del XIX, la calle Nuestra Señora de Valme había pasado a formar parte del peculiar recinto de las fiestas patronales de la población, junto a la plaza de Alfonso XII y las actuales calles Santa María Magdalena y del Canónigo. Además, era paso obligado para las cofradías y hermandades nazarenas en los días álgidos de la Semana Santa y también formaba parte del itinerario del Corpus Christi y de la procesión de la Patrona Santa Ana.

La calle Nuestra Señora de Valme (I)

Pero, lo que son las cosas, ya en aquellas fechas los principales personajes de la población prefirieron establecer su residencia, no en esta señorial y destacada vía, sino en su paralela: la calle del Canónigo. Algo que se mantuvo en los primeros años del siglo XX. Fueron los casos de Francisco de Paula Baena de León, Federico Caro, Gerardo Rabassa o Antonio Valera Martín, personalidades que jugaron un papel destacado en la Historia local y que fijaron su domicilio en Canónigo, ‘ignorando’, de esta forma, a la tradicional calle Real de Sevilla. De esta manera, dejaba de ser el ‘solar’ de las grandes personalidades de la villa.

Vecinos destacados
Muchos han sido los ilustres personajes que han morado de esta calle. Algunos de ellos, como el italiano conde de Montalbano (fallecido en 1850), fueron verdaderamente llamativos y enigmáticos. Otros, caritativos, como Esteban de la Guardia, que auxilió y acogió en su casa hacienda a innumerables pobres que pasaban por nuestra villa camino de Utrera. Pero de todos esos personajes destacaremos los siguientes. En el n.º 19 de esta histórica vía residió durante muchos años Manuel Valera Gómez (1837-1891), destacado empresario nazareno dueño, al parecer, del primer almacén de aceitunas que abrió sus puertas en Dos-Hermanas concretamente en los corrales de esta vivienda. Y fue en esta misma casa donde nació su hijo, Manuel Valera García (1870-1914), polifacético donde los haya (fue periodista, bibliotecario, representante taurino…) e ilustre nazareno. Por otra parte, en el n.º 2 tuvo su domicilio Ignacio García de la Huerta, desconocido personaje de Dos-Hermanas que jugó un importante papel en nuestra localidad durante la Gloriosa Revolución de 1868 que destronó a Isabel II, siendo alcalde de la misma entre septiembre y diciembre de aquel año. Por su parte, en el n.º 5 llegó a residir en los años centrales del XIX el maestro de primeras letras Francisco Sáenz Martínez. Y en la misma casa vivió tiempo después José Soltero Vázquez, ferviente republicano que fue alcalde segundo de la villa en los primeros años del Sexenio Revolucionario y formó parte de la partida de insurgentes que protagonizó una sublevación republicana en Cádiz en 1869.

La calle Nuestra Señora de Valme (I)

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