El tema del doble es recurrente, tanto en la literatura (como el original del que parte esta historia), como en el cine, donde ha tenido momentos bastante más destacables que esta El amante doble, muy libre adaptación de la obra Lives of the twins de Joyce Carol Oates (cuyo contenido he de reconocer desconozco).

Aquí, el prolífico François Ozon, siempre estimulante y muchas veces interesante, no llega a las cotas de sus mejores obras (En la casa, Frantz, El tiempo que queda, Swimming pool, Amantes criminales…) no consigue enamorarnos a pesar de las buenas intenciones, la estética de sus planos (en un juego semántico con la historia que nos está contando), y la presencia perturbadora y enigmática de Marine Vacth, que ya había estado como protagonista en otra de sus cintas, Joven y bonita.

Chloé es una joven frágil con fuertes dolores psicosomáticos que decide ir un psicólogo, Paul. Tras varias sesiones, descubre que se ha enamorado de él, y a pesar de las normas, él de ella. Al poco de vivir juntos, Chloé descubre un secreto que Paul no le había contado hasta ahora, la existencia de un hermano gemelo, también psicoterapeuta, al que acude con mentiras para tratar de descubrir el motivo de este ocultamiento.

Francia-Bélgica, 2017 (107′)
Título original: L’amant double.
Escrita y dirigida: François Ozon, basado en el libro de Joyce Carol Oates.
Producción: Eric Altmayer, Nicolas Altmayer.
Guión: Don Ross basado en la novela de Ayelet Waldman.
Fotografía: Manuel Dacosse.
Música: Philippe Rombi.
Montaje: Laure Gardette.
Intérpretes: Marine Vacth (Chloé Fortin), Jérémie Renier (Paul Meyer / Louis Delord), Jacqueline Bisset (Madame Schencker / Madre de Chloé), Myriam Boyer (Rose, la vecina), Dominique Reymond (La ginecóloga / Dra. Agnes Wèxler), Fanny Sage (Sandra Schenker).

El primer plano que vemos nada más comenzar la proyección ya hace que te revuelvas incómodo en la butaca, haciéndote sentir que invades una intimidad como muy pocas veces se ha hecho sentir a un espectador. No diré más para no destripar la sorpresa. A partir de ahí, en la primera parte de la trama, la cinta está plagada de imágenes simbólicas, donde Ozon juega con la simetría, con los espejos y los reflejos (que no desaparecen en ningún momento, pero que no llegan ni a la suela de lo que otros, Aronofsky y su Cisne negro, por ejemplo, han hecho antes). No en el terreno visual, sino en el metafórico, que es el que aquí importa.

El gusto de Ozon por las mentes enfermas es innegable y está presente en muchas de sus cintas. También lo es la admiración del francés por algunos directores a los que en esta El amante doble cita, unas veces con más descaro que otra. Es imposible, por ejemplo, evitar recordar La semilla del diablo de Polanski en algún que otro momento, así como la Vértigo de Hitchcock, en otros. En todas las ocasiones, ello es gracias a las apariciones de Marine Vacth, una actriz a la que (hay que reconocer) cuesta dejar de mirar.

A pesar de todo, a Ozon, aquí no le ha salido la jugada tan bien como en otras ocasiones, y a medida que la historia avanza, la credibilidad va esfumándose, hasta llegar a ese giro final, que supuestamente debe epatarnos, pero que hacen que uno arrugue la nariz y haga una mueca, sin conseguir el propósito de sorprender.

Película El amante doble

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