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En la primera década del siglo XIX vio la luz esta popular calle del actual barrio de San Sebastián. Por aquel entonces se levantó sobre un antiguo olivar que perteneció a la familia de los Goyeneta, construyéndose en ella unas cuantas casas cubiertas todas con bayunco, pues, dicho sea de paso, quienes se instalaron allí eran humildes braceros de la villa con escasos recursos económicos.Por otra parte, el primer padrón en el que aparece registrada la entonces conocida como calle de la Mosca es el de la Contribución Territorial de 1819. Según se desprende de este registro, en esa fecha existían en la calle seis casas y seis vecinos (con sus respectivas familias), que eran estos: María Muñoz, viuda de Domingo Cisma; Juan Andrés; María Usón, viuda de Antonio Varela; Domingo Barcala; Juan Prieto; y Juan de Rivas.

En esta primera época, la calle de la Mosca no tenía la extensión que tiene hoy, pues llegaba hasta el actual cruce con Tarancón. Habrá que esperar al último tercio del siglo XIX para que la calle tenga la extensión que hoy conocemos. Para entonces el número de vecinos había crecido considerablemente, y, así, en el padrón parroquial de 1892 se registran 39 vecinos y 159 almas. Entre esos vecinos se encuentran: Joaquín Reina León; Josefa Martín Durán; Francisco García Ponce; Manuel León Martín; Manuel García García; José Díaz Román, Miguel Mena Alanís; José Díaz; José Martín Inurria; Manuel Megía Salguero; Ana Martín Vaquero; Manuel Martín; José Martín Vaquero; Juan Terrero Díaz; Manuel Posada Alanís; José Porrero Cisma; Antonio Varela Ortega; Juan Rubio Díaz; Manuel Vázquez; Sebastián Terrero Alcoba; Manuel Zambruno Franco; Valme Rubio Monje; José Sánchez Martín; Manuel García Salguero; Antonio Barcala Román; José Gómez Díaz; Antonio Alcuña Ponce; Joaquín Rubio Otero; Antonio Cotán Sánchez; Juan Ponce García; Bernardino de Vera Expósito; Antonio Rubio Otero; Juana Díaz Madueño; Rafael Torres Ávila; Francisco Márquez Sales; y Juan García Durán. Todos ellos humildes jornaleros que trabajaban en las faenas del campo. Asimismo, en esas mismas fechas, existían en la calle Goyeneta hasta tres casas de vecinos, situadas en los números 3-5 y 9.

Memoria DH: La calle Goyeneta

Los Goyeneta y Dos-Hermanas
La familia sevillana de los Goyeneta, cuya casa palacio aún se mantiene en pie en la capital hispalense, tuvo una especial vinculación con Dos-Hermanas durante prácticamente todo el siglo XIX. Tuvieron numerosas propiedades en nuestra villa y su término, destacando de todas ellas la hacienda de Montefrío. El patriarca de esta familia fue don Joaquín de Goyeneta, caballero veinticuatro y asistente de Sevilla en dos períodos (1810-1812 y 1814-1816). Pero fueron sus hijos José, Manuel (c.1790-1862) y Joaquín de Goyeneta y Clarebout (c.1794-1879) quienes tuvieron una mayor relación con Dos-Hermanas. Gracias a su generosa aportación económica se pudo en 1859 restaurar y embellecer la iglesia de Santa María Magdalena y construir la actual capilla de Ánimas. También llevaron a cabo una gran labor caritativa, repartiendo cuantiosas limosnas entre los más necesitados de la localidad. Como muestra de gratitud, se colocó en 1890 una placa en la parroquia nazarena que aún hoy se conserva.

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Fue siempre una calle tranquila, sin apenas sobresaltos, pero en junio de 1882 se produjo en ella un escándalo del que se habló durante mucho tiempo en el pueblo. Según informó el sereno José Durán Alcocer, en la vivienda de Bernardino de Vera Expósito, situada en el número 23 de esta vía, estaba un individuo armado con una escopeta encerrado con la esposa de este último, Josefa Zambruno Avilés, “para divertirse con ella”. El sereno pidió refuerzos y al momento se personaron otros compañeros, disponiéndose a cercar la vivienda. Dos serenos saltaron la tapia del corral y encontraron en el interior de la casa a Antonio Jurado Rivas y Manuel García Durán. El primero de ellos fue detenido al instante, mientras que el segundo consiguió salir por la puerta del corral “con una escopeta, sin sombrero y zapatos”. Poco le duró la “libertad”, pues un sereno pudo detenerlo. La misma suerte corrió la esposa de Bernardino, que fue llevada a la cárcel municipal acusada de adulterio.

Memoria DH: La calle Goyeneta

Asimismo, esta céntrica calle siempre estuvo sin adoquinar, con los inconvenientes que esto acarreaba durante todo el año. En febrero de 1901, el concejal y presidente de la comisión de Obras Públicas del consistorio, Juan Castro Claro (y vecino de esta calle) manifestó que estaba intransitable la calle Goyeneta “y se hacía urgente el arreglo del pavimento”. Ante tal afirmación, todos los demás concejales acordaron que el maestro alarife Hidalgo Oliva procediese a ejecutar el referido arreglo, como así se hizo, lo que costó 457 pesetas. Esta situación de calle de albero permaneció hasta que en la década de 1970 se llevó a cabo el necesario asfaltado, pero en los primeros años de la presente centuria se procedió a peatonalizarla por completo, dándole el aspecto que hoy en día posee.

Actualmente, sigue siendo una tranquila y estrecha vía que comunica dos transitadas calles: San Sebastián y Real de Utrera.

¿Qué nombre tuvo?
Cuando nació, allá por los albores del siglo XIX, se le nombró calle o callejón de la Mosca, no se sabe a ciencia cierta por qué, aunque hay quien dice que debe su peculiar denominación al hecho de que como era tan estrecha, no cabía ni una mosca. En cualquier caso, bien importante debió ser el insecto, pues con ese peculiar apelativo siguió toda la centuria hasta que hacia 1886 el consistorio nazareno decide imponerle el nombre de Goyeneta para honrar la memoria de esta familia sevillana que tantas buenas acciones hizo en nuestro pueblo. Y con esta denominación continúa hasta la actualidad, aunque popularmente se la sigue llamando “de la Mosca”.

Vecinos destacados

Desde sus orígenes, han vivido en esta calle humildes jornaleros que se ganaban la vida en las labores agrícolas. No obstante, el vecino más destacado que ha residido en esta vía fue Juan Castro Claro. Hijo de los nazarenos Juan de Castro Rodríguez y Ana Claro Román, nació en esta popular calle de la Mosca en 1843. Siendo joven, trabajó con su padre en las faenas del campo, pero tiempo después consiguió ser contratado como empleado municipal en el Ayuntamiento nazareno. De esta forma, fue muchos años guardia municipal y, en alguna ocasión, ejerció como cartero ocasional. Poco a poco, consiguió trabar amistad con diversos concejales, entre los que se encontraba don Jesús de Grimarest, y gracias a esa amistad pudo entrar en la política local, formando parte del partido carlista. En los últimos años del siglo XIX fue elegido concejal y ocupó la alcaldía nazarena durante dos períodos: 1904-1906 y 1907-1908. Residió toda su vida en esta calle Goyeneta, concretamente en el número 11.

Memoria DH: La calle Goyeneta

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