Publicidad

1801-1936. El retablo mayor neoclásico de la parroquia

Antes de que se produjese el grave incendio de julio de 1936, la parroquia de Santa María Magdalena poseía un interesante grupo de retablos neoclásicos que, si bien no destacaban desde un punto de vista artístico, sí tenían el privilegio de ser de los pocos retablos de ese estilo que existían en la provincia de Sevilla, donde el Barroco era el estilo artístico predominante.

Y entre ese grupo de retablos destacaba el mayor, que desde el presbiterio presidía el templo. Se trataba de un retablo de líneas sencillas y austeras, sin apenas decoración, muy en la línea del resto del templo. Asimismo, seguía un esquema muy similar al que posee, por ejemplo, el retablo de la capilla de San José de la catedral de Sevilla o el retablo mayor de la iglesia del Santo Ángel de la capital hispalense.

Publicidad

En cuanto a las trazas del retablo, como se puede observar en las dos fotografías que acompañan al artículo, se levantaba sobre fondo liso y alto banco, con columnas pareadas de orden corintio, formando un cuerpo con una gran calle central y sosteniendo un entablamento liso y con un friso. El conjunto se cerraba con un ático en forma de medio círculo con nueve casetones (y entre estos, diez estrellas doradas).

El primitivo retablo mayor
Este retablo neoclásico vino a sustituir a otro barroco, realizado a finales del siglo XVII por el escultor sevillano Francisco Ballesteros por encargo de la religiosa Madre Ana de Cea. El retablo fue entregado el día de Santiago Apóstol (25 de julio) de 1673, pagando la religiosa, en total, 8.000 reales de vellón. Sin embargo, cuando se procedió a la construcción del templo actual neoclásico en la transición del XVIII al XIX, se prescindió del retablo de Ballesteros, sin que sepamos las razones exactas que llevaron al clero local a tomar tal decisión.

En el centro del ático se hallaba una imagen con resplandor dorado que representaba a Nuestra Señora de la Granada. La calle central del retablo comprendía el Sagrario (realizado en los inicios del siglo XIX), el manifestador y el camarín central que albergaba una imagen de la titular del templo, Santa María Magdalena.

Para poder acceder al retablo, había que superar tres gradas de mármol que se respetaron tras la reconstrucción del templo. Asimismo, a los pies del altar existía una sencilla verja de hierro de un metro de altura, poco más o menos, con aperturas hacia la nave central y naves laterales.
Con respecto a las imágenes presentes en el retablo mayor, estaban las siguientes que vamos a reseñar.

En el camarín central se veneraba, como ya hemos dicho, la imagen de la titular, Santa María Magdalena, que medía siete cuartas de alto (1,47 ms. poco más o menos) y de la que no se conserva, por desgracia, ninguna fotografía. Es posible que se tratara de la imagen que en 1672 tallase el escultor sevillano Felipe Martínez para el retablo mayor realizado por Francisco Ballesteros, siendo, por tanto, la única pieza que sobreviviría del citado retablo.

En el lado de la Epístola y sobre ménsula estaba una imagen de San Fernando, también anterior al retablo neoclásico, pues era la que en 1674 realizó el pintor sevillano Antonio Ximénez de Carcosa por encargo del presbítero don Alonso Martínez del Pozo. Esta talla del Santo Rey presidió un antiguo retablo que fue destruido en el tránsito del XVIII al XIX, medía siete cuartas de alto y tenía “la misma forma que está echa la ymaxen del Santo Rey en la Santa Yglesia Maior de la dicha ciudad de Seuilla”, según se apuntaba en el contrato de ejecución.

No quedó nada…
En la madrugada del 19 de julio de 1936, varios elementos anarquistas incendiaron la parroquia de Santa María Magdalena. Apilaron las sillas y bancos que existían en el interior del templo en dos lugares concretos (la zona del presbiterio y bajo el coro alto) y les prendieron fuego. La fotografía que aquí reproducimos fue tomada por Antonio Corbacho en agosto de 1936 y actualmente se encuentra en la Fototeca de la Universidad de Sevilla. En ella podemos observar el estado en que quedó la parte del presbiterio. Al fondo vemos el muro donde se alzaba el retablo mayor neoclásico que quedó reducido a cenizas, no pudiéndose salvar ninguna de las cuatro imágenes que contenía.

Es decir, seguía el modelo del San Fernando de Pedro Roldán que vemos anualmente en la procesión del Corpus Christi sevillano. También sobre ménsula, pero en el lado del Evangelio, se encontraba una imagen de San Francisco de Asís, aunque hasta principios del siglo XX, quien ocupaba este lugar era la imagen de la Fe que actualmente se halla en la capilla del Sagrario de la parroquia. Es más que probable que esta imagen procediera del retablo que dedicado a este Santo existía en la primitiva iglesia de Santa María Magdalena.

En cualquier caso, representaba al “Poverello d’Assisi” vestido con el hábito propio franciscano, contemplando el crucifijo que portaba en la mano izquierda. Y ya en el ático, estaba la referida imagen de Nuestra Señora de la Granada. También es posible que fuera anterior al propio retablo neoclásico, quizá del siglo XVII. Aparecía tocada con corona y ráfaga de metal dorado, portando en su mano derecha una granada (símbolo de la fertilidad) y en su brazo izquierdo sostenía al Niño Jesús.

El fatídico incendio de 1936 hizo desaparecer esta gran muestra de la retablística neoclásica sevillana. Pero, afortunadamente, se conservan unas pocas fotografías (como las que ilustran este artículo) que nos permiten ver cómo era el primitivo retablo mayor de la parroquia de Santa María Magdalena.

Publicidad

Responder

Por favor, haz tu comentario.
Por favor, introduce tu nombre