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La apertura del Hospital de Valme relega al  olvido al tradicional oficio de matrona en 1982

Manolita Vázquez, la última que quedaba en activo, recuerda haber asistido a partos en chozas bajo la luz de un quinqué

Hubo un tiempo en Dos Hermanas en que las matronas eran “alguien”. Las trataban de “doña” y eran miradas con respeto. No era para menos. De la sabiduría y destreza de sus manos dependía la llegada al mundo de nuevos nazarenos. Cuando Manolita pasea por las calles, saluda con orgullo a muchos (niños y adultos) a los que ella sacó del vientre de sus madres.

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Pero los tiempos cambian. Por fortuna, los hospitales han llegado a nuestras vidas. Primero fue el “García Morato” y ahora el flamante “Hospital de Valme”,  inaugurado el pasado 13 de marzo. Con sus nuevas salas de paritorio y sus magníficas instalaciones, las mujeres dan a luz con mayores garantías. El oficio de matrona ha perdido su razón de ser.    

Partos a domicilio
Cuando Manolita Vázquez asistió, en su primer año de prácticas en el Macarena, a su primer parto, preguntó al doctor qué era aquello que parecía una “asadura”. Sería la primera placenta de las muchas que vería en su trayectoria profesional. Con 19 añitos, en 1955, se estrenó como matrona en Dos Hermanas. Veinte duros cobró por su primer parto. Ya trabajaban aquí otras veteranas (Dª Amalia, Dª Lola, Dª Angelina…), pero ella enseguida demostró una gran pericia. Durante veinte años ha estado asistiendo a partos a domicilio. Si se complicaban, se llevaba a la parturienta a la Casa de Socorro (donde estaba el tocólogo Antonio Aparicio) y más tarde, directamente al hospital.La apertura del Hospital de Valme relega al  olvido al tradicional oficio de matrona en 1982

No hay días festivos

La agenda de una matrona se escribe sobre la marcha. Nunca se sabe cuándo la van a llamar. Su marido, Bernardo Palomo, se encorajinaba cuando la iban a buscar en días señalados, como Nochebuena o Año Nuevo, pero Manolita tenía asumido que así era su profesión. Si le daban el aviso de día, ella misma acudía andando, o en su bicicleta, al domicilio donde la llamaban. Aunque lloviera a mares. Aunque hiciera mucho calor. Si era de noche, se daba aviso al municipal del Ayuntamiento, que la recogía en su casa a la hora que fuera. Antes cogía sus materiales de trabajo: guantes, pinzas, tijeras, bandejas…    

En una choza de Cerro Blanco
Su trabajo nunca fue fácil. Se ha encontrado partos de nalgas, ataques de eclampsia, bebés muertos.  En algunos barrios humildes, como Cerro Blanco o la Vereda del Garage (donde además se registraba una alta tasa de natalidad), se daba a luz en chozas, sin apenas condiciones higiénicas. Alumbrada por un quinqué o un carburo, de rodillas en el suelo, se afanaba por facilitar las cosas a las parturientas. Como también era practicante, les inyectaba ocitocina para facilitar la dilatación y echaba los puntos necesarios. Después, durante una semana, iba diariamente a bañar a los bebés hasta que se les caía el cordón umbilical. Más de una vez se encontró gemelos, sin esperarlo. “Aquí hay otro”, les decía a las sorprendidas madres. En aquellos años no se hacían tantas revisiones. Tampoco ecografías.

A pesar de que la época de  las matronas a domcilio se ha terminado, Manolita no se quedará sin trabajo. Trabaja para la Seguridad Social en su plaza de ATS (Asistente Técnico Sanitario) en el ambulatorio. Todavía siente que tiene mucho que dar a los demás.

La apertura del Hospital de Valme relega al  olvido al tradicional oficio de matrona en 1982

Tenía clara su vocación
Manuela Vázquez Corento (13-9-1936) nació en San Juan de Aznalfarache. No conoció a su padre, guardia civil, que murió en la guerra. Su madre, Manuela, solicitó un estanco aquí (C/Oviedo) y así fue cómo la familia se instaló en Dos Hermanas. Entre los 11 y los 15 años Manolita estudió en el Colegio de Huérfanos de Madrid, y a su regreso, tuvo claro que quería ser matrona. Estudió para ello dos años y otros dos para ser practicante. Con 19 años empezó a trabajar.

{xtypo_code}Los practicantes de Dos Hermanas, todos juntos
Fotografía de los “practicantes” de Dos Hermanas (1958), en el patio de la parroquia de Santa María Magdalena, donde asistieron a la misa el día de su patrón, San Juan de Dios. De izquierda a derecha, entre otros: Antonio Zambruno, Manolita Vázquez, Enrique Diaz Ferreras, José María Ballesteros (párroco), Francisco Leyva, Doña Amalia, Tomás Campo, Enrique Repiso. Abajo: sobrino de Repiso, “El Chache” (Núñez), Rafael Nieto. Tras la misa, los compañeros de profesión celebraron una comida. {/xtypo_code}

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