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El gran avance operado durante la última década en lo que respecta a la Violencia de Género es que el maltrato hacia la mujer ha dejado de ser considerado un problema privado que debe solucionarse en el seno de la familia. Hoy día, la Violencia de Género no es aceptada socialmente, la sociedad es consciente de que es un problema que afecta a toda ella y contra el que no cabe tolerancia alguna. Ahora hay que avanzar en que la ciudadanía tome conciencia de que es parte de la solución a este problema.
Cuando se habla de Violencia de Género es muy habitual que se resalte una gran cantidad de datos entre los que destaca la cifra oficial de mujeres asesinadas a manos de sus parejas. Pero esto es sólo la punta del iceberg. Lo que verdaderamente esconde la Violencia de Género es un problema de tal dimensión que no puede ser tapado con datos. El drama lo constituyen las vidas destrozadas de miles de mujeres que sufren malos tratos, tanto físico como psíquico.
La lucha contra la Violencia de Género debe ir encaminada en dos direcciones, la protección de la víctima y la educación en igualdad de la sociedad.

La víctima debe ser protegida y para eso es necesario que los y las profesionales que se dedican a esta labor cuenten con todos los medios necesarios para llevar a cabo una protección eficaz. La crisis ha servido como coartada para desmantelar el naciente sistema de protección a la víctima de violencia machista, lo que sin lugar a duda es inaceptable. Las Administraciones deben destinar los medios suficientes para erradicar esta modalidad de terrorismo cuyo objetivo es la mujer por el simple hecho de serlo.

Cada vez que una mujer es golpeada, vejada o asesinada es toda la sociedad la que debe, en primer lugar, sentirse agredida y, justo a continuación, trabajar para que no haya otra mujer que pase por lo mismo.

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En segundo lugar, la lucha contra la desigualdad entre hombres y mujeres debe suponer una prioridad. La violencia machista es la cara más terrible de esa desigualdad, pero no la única. Y esto no es una tarea única y exclusivamente de la Administración, sino que aquí la ciudadanía juega un papel elemental. La coeducación en la escuela es fundamental, las niñas y niños deben ser tratados como iguales huyendo de cualquier tipo de estereotipo o rol en su formación. Pero esto de nada servirá si cuando llegan a sus hogares las madres y los padres no continúan y profundizan en esta labor. Las relaciones de pareja deben estar basadas en el respeto y la paridad. Las relaciones que descansan sobre la primacía del hombre frente a la mujer son el caldo de cultivo idóneo para la Violencia de Género.

Por lo que desde Juventudes Socialistas de Dos Hermanas y Juventudes Socialistas de Utrera solicitamos a las Administraciones que pongan todos los recursos necesarios para combatir la Violencia de Género. Toda la sociedad debe constituir un refugio de la mujer maltratada y ningún lugar de impunidad para el maltratador. Toda la sociedad debe hacer suya la idea de la igualdad entre sexos para que las relaciones se desarrollen en el plano de la igualdad.

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