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(Mateo 22, 34-40) – El Señor nos manda amarnos unos a otros y amar a Dios; pero, ¿puede el amor ser un mandamiento?, ¿alguien puede mandar amar? El amor o nace espontáneamente o es falso…

– Tienes razón, María, el amor si no brota de dentro es falsa impostura y hasta hipocresía. Pero hay muchas formas de amar a las personas. El amor de pareja, el de amistad, el aprecio sincero a los vecinos, el respeto a quien no conocemos, los deseos de ayudar a los pobres… Hay muchas clases de amor; todos ellos hemos de desearlos y prepararnos para vivirlos. Cuando amamos de verdad a las personas también hemos de estar atentos a no tener sentimientos o comportamientos que dañen ese amor. Eso sí se puede y se debe procurar; y eso no es falsedad alguna.

Tú tienes que alentar sentimientos de bondad y aprecio hacia los tuyos, hacia los que te necesiten; así serás sincera y veraz.

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– ¿Y si me falta el amor hacia alguien?, ¿y si me hacen algo que no puedo perdonar?, ¿y si tengo deseos egoístas y no se me apetece ayudar a los demás?

– Nuestra vida no puede depender de que se nos apetezcan los comportamientos o no. Si ves algo bueno y justo tienes que buscar vivirlo y hacerlo. Pero es verdad que a veces es sólo Jesús quien puede despertar en nosotros el amor que nos permita ser buenos y felices a la vez. Ese es un don grande que ojalá tú recibas. Tu vida puede ser un canto hermoso al amor, y tú disfrutarlo cada mañana y noche en tu interior…

– Y los que hacen tanto daño a los pobres, pero quieren a sus hijos, ¿se puede decir que tiene amor o que no?… ¿Y si una persona… [María es inquieta e inteligente, no sabemos dónde llegará].

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