(Marcos 16, 15-20) LA PREDICACIÓN del evangelio siempre va acompañada de signos de liberación y de gestos de generosidad incomprensibles para los que no se han encontrado con Jesucristo.

La experiencia de fe no se resume en un credo de verdades, ni en unas prácticas rituales, ni siquiera en un compromiso ético concreto. La experiencia de fe es un encuentro con Quien llena nuestra vida de felicidad y de sentido.

No hay rincón del mundo en el que no haya cristianos anunciando el evangelio con sus palabras y con su testimonio. No hay situación de marginalidad y sufrimiento en Andalucía donde no haya presencia de cristianos llenos de esperanza y comprometidos con la justicia. Ni el ansia de dinero, ni el orgullo de la fama dan tantas alas como la fe en Jesucristo.

Quien se deja marcar por el sello del encuentro con Cristo no puede descansar tranquilo sin preguntarse cada día: ¿qué he hecho hoy por mis hermanos?, ¿cómo vivir, yo mismo, y ofrecer, a todos, la inmensa riqueza de vivir en el amor más incondicional y gratuito?

En cada momento de la historia los cristianos han buscado respuesta a las necesidades más urgentes de su sociedad. Hoy necesitamos cristianos que, lejos de dejarse seducir por la corrupción institucionalizada y por el derrotismo, ofrezcan caminos de esperanza y de trabajo, de amor y de puestos de trabajo, de fe y de creación de puestos de trabajo. Ese es el signo que hoy nos piden los tiempos para  hacer creíble la fe.

Pero cuando venga el Señor, ¿encontrará esta fe en la tierra?

 

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