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Querido maestro me dicen en la calle, donde nos gustaba hablar y comunicarnos, que has muerto. Y sé que sigues vivo en cada uno de los que te conocimos y disfrutamos con tu saber ser y recordar, de esas sabias conclusiones a las que llega el diablo rojo por viejo y por militante.

He dejado pasar unos días, para que la tristeza no impregne este recuerdo y aún así no lo consigo del todo. Pero por tu mujer y tus hijos que lo que quiero recordar está más vivo que nunca, Antonio preparando el puesto, pajaritero, cocinero, conversador incansable, ciclista de paseos a los Palacios, porque yo te daba pena y me evitabas llegar y volver a Jerez.

Transmitiste intensamente, como habías vivido tus mundos como trabajador barrilero, guarda y vecino comprometido. Marido y padre cargado de paciencia activa, luchador de causas perdidas sin desaliento y en lo práctico unas gordales que aliñabas con sapiencia y un barrilito de vino de la bodega.

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Y el cuerpo me pide, sin prisa pero sin pausa que te vayas preparando para que estés donde estés esperes preparado a que vayamos llegando.

Recibe un fuerte abrazo y hasta pronto, Buenos Vientos. Curro

 

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