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Días grises, avistándose a lo lejos una inmensa negrura en el cielo que acongoja el alma, una oscuridad sin límites, donde todo nuestro alrededor, conseguido con mucho esfuerzo durante 36 años, se comienza a ver borroso, sin la nitidez con la que muchos de nosotros, pretendemos vivir.

Así se ve la educación, la base del progreso, el principio del futuro, como una luz que nos daba esperanza por un futuro mejor, que pretenden apagar  para convertir nuestra vida en un mundo de tinieblas.

La educación pública es símbolo de unidad, de bienestar, es el pilar fundamental para construir un mundo lleno de igualdad de oportunidades, avance y justicia, si dejamos que sólo unos pocos tengan acceso a ello, sólo conseguiremos crear una sociedad donde uno manda y los demás obedecen, el objetivo que necesitamos construir es conseguir que todos tengan derecho a una buena formación, para que el día de mañana, no sólo vivamos individualmente mejor, sino también colectivamente mejor. Para que el día de mañana, la oscuridad esté totalmente encerrada en una celda sin llave.

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Los niños crecerán en un ambiente sectorial, los que se puedan permitir una educación a base de dinero, crecerán separados de aquellos que no se la pueden permitir, sin aprender lo más bello de la educación pública, respetar, querer a las personas por lo que son, y no por lo que tienen, y a saber convivir con todos de igual manera, porque todos nos hemos educado de la misma manera.

Hoy estamos disgustados, no estamos como querríamos estar, nos cuesta un poco más ser felices porque no tenemos la renta necesaria para ello, sin embargo, ¿qué pasaría en un mundo donde sólo algunos tuviesen la oportunidad de estudiar?
Volveríamos a ser esclavos de alguien y no esclavos de nuestra libertad, como ocurre actualmente, volveríamos a aquel pasado que nuestros abuelos  no quieren recordar, entonces, sería cuando no viviríamos felices, porque no tendríamos ni recursos, ni posibilidades para tenerlos, entonces sería cuando toda la lucha de nuestros abuelos por un mundo mejor, prefiriendo quitarse una pedazo de pan de la boca para darle a sus hijos la educación que ellos no pudieron tener, no hubiese valido la pena.

Nuestra meta debe ser asegurarnos de que las próximas generaciones, tengan derecho a estudiar, y que aquel que necesite una beca para ello, la tenga, para que el día de mañana, pueda llegar al nivel de aquel que por suerte, no la ha necesitado nunca.

El único modo de salir de estos días grises es apostando por la luz, la educación, apostando por el futuro que son nuestros hijos, apostando por el único modo de saber que así no se cometerán los fallos del presente, no podemos confiar en la derecha, no podemos apostar por las tinieblas y la oscuridad, porque eso sólo nos llevará a caer a un abismo del que nos va a costar mucho trabajo salir.

 

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