Van pasando los años desde que comenzó a hablarse de esta dichosa crisis y asistimos impertérritos (ayudados por la melíflua vaselina del fútbol y la telebasura) al empobrecimiento de nuestro país y también, por supuesto, de nuestra ciudad. Ya nos hemos acostumbrado a ver los languidecientes solares, las grúas paradas, a ver los comercios cerrados, a asistir boquiabiertos al cierre de empresas de una antigüedad importante…

Nuestra ciudad necesita emprendedores, gente con ideas que mueva la economía. Que el mercado local está caído, pues habrá que exportar. Los almacenes están a rebosar de aceituna de mesa de la pasada campaña y los precios que se están pagando son irrisorios, casi no merece la pena coger el macaco, resulta más barato dejarlas caer y pudrirse.

Y yo me pregunto: ¿es que no hay un lugar en el mundo este donde todavía puedan colocarse los excedentes? Tenemos a los países emergentes: Brasil, India, Rusia y China, mercados tradicionales como el de EE.UU. ¿No hay nadie que sea capaz de dar salida a nuestras ricas aceitunas, las mejores aceitunas del mundo, antaño base de la economía local?

Que sí, que hay mucha competencia, que hay mucha crisis, que el mercado está caído. Pues por eso, habrá que redoblar los esfuerzos porque los años de bonanza pasaron. Ahora estamos en otro tiempo, el tiempo del sacrificio y el trabajo duro. Veo cómo los jóvenes se quejan de que les ha tocado el peor momento para incorporarse al mercado de trabajo. Con esa preparación en idiomas y con esas tecnologías de comunicación a su alcance… ¿no hay ninguno que se anime a meterle mano a este sinsentido? ¿a enchufar el GTalk o el Skipe y las redes sociales y empezar a ofrecer  este gran producto? Venga, hombre, mujer, que de esta crisis no nos va a sacar nadie sino nosotros mismos. ¡Ánimo a todos!

 

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