(Lucas 18,1-8) 6.45: SEÑOR, gracias por este nuevo día; por los matices violetas y celestes del cielo; gracias porque vamos todos adelante.
7.55: ¿Qué trabajo le costará saludar con un poco de agrado? (…) No juzgues, ¿quién sabe lo que lleva encima?; además, el mal humor tú lo miras un momento, pero él, la criatura, lo lleva encima.

12.30: ¡Con lo cansado que estoy y lo que me falta! Y me gusta lo que hago, y sé que a muchos les hago falta. Pero a veces parece que las ruedas del carro chirrían… Mirarte a Ti y el mundo es otro.  

14.30: Una simple fruta es símbolo de tu amor, y del trabajo de todos los hombres. ¿Quién sembraría el manzano?, ¿quién lo regó?, ¿quién recogió esta fruta?… ¿Quién nos dio la vida para trabajarla y para comerla con tanto gusto?

20.00: Es verdad lo que dice Esperanza, si no nos ponemos en marcha nada va a cambiar. Tú nos ayudas, pero también nos llamas a que hagamos de esta tierra algo más parecido a tu reino.

23.15: Un beso al pequeño, a la mayor, al abuelo, mirar de soslayo la foto de mamá… Es verdad que el amor es la vida, ¿cómo podemos decir que es un precepto? –las cosas de antes.

23.30: ¡Cuánto orgullo hay en mí; cuánto amor propio del malo! Menos mal que Tu mirada, en la noche, me reconcilia y me reconforta. Dame tu paz, Señor.

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