Descalza y desnuda primavera,
Que abordas con tus manos la dulzura,
De jazmines y rosas nazarenas,
Llenando las calles de hermosura.

Señor de Pasión en tu andadura,
Templada y serena tu presencia,
Lágrimas que rozan la pureza,
Anuncian con tristeza tu amargura.

Humilde tu barrio te refugia,
Y en tus hijos se mece la grandeza,
Que te brindan su amor y su inocencia,
Haciendo tu dolor fresca ternura.

Martes Santo, primavera, tarde oscura,
El silencio se hace en Las Portadas,
Tu sereno caminar, Tus vestiduras,
Son el llanto y el clamor en Dos Hermanas.

Tras el lento caminar de tu amargura,
Va llorando con pena nuestra madre,
Esa Madre de Amparo y desconsuelo,
Y que sufre tu destino a cada instante.

¡Amparo, que las fuerzas no te falten!,
Que tus hijos no abandonan tu calvario,                                                                                                       
Nuestro amor será bello estandarte,
Bajo un palio de rosas coronado.

Que el clamor de tu hermano costalero,
Y el silencio de tu hermano penitente,
Sean el eco de respeto y sentimiento,
De tu barrio, de tu pueblo, de tu gente.

Con amor y valentía hoy os brindo,
Los latidos de mi alma compungida,
El sentir de este hermano costalero,
Que ha sufrido por amor en tu agonía.

Que azahares y jazmines se deshojen,
Mi Señor de Pasión ante tus andas,
Y que el cielo de pétalos y flores,
Sea el Amparo de tus lágrimas calladas.

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