Bellas imágenes de la vacuidad

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SEDASEDA

Basada en la exitosa y breve novela de Alessandro Baricco, la adaptación cinematográfica de Seda se antojaba difícil. Como ha ocurrido en tantas otras ocasiones, una de las más recientes hace un par de años fue El perfume, el texto escrito tenía tantos matices, la mayoría de ellos muy poco visuales, más cercanos a los otros sentidos, a los sentimientos del alma, que resultaba, al menos a priori, muy difícil de reflejar en la gran pantalla.

Canadá-Italia-Japón, 2007. (112')
Título original: Silk
Director: François Girad.
Producción: Niv Fichman, Nadine Luque, Domenico Procacci, Sonoko Sakai.
Guión: François Girard y Michael Golding, basado en la novela de Alessandro Baricco.
Fotografía: Alain Dostie.
Música: Ryuichi Sakamoto.
Montaje: Pia di Ciaula.
Intérpretes: Michael Pitt (Hervé Joncour), Keira Knightley (Hélène Joncour), Alfred Molina (Baldabiou), Kôji Yakusho (Hara Jubei), Sei Ashina (La chica), Toni Bertorelli (Verdun), Kenneth Welsh (Alcalde Joncour), Martha Burns (Sra Joncour), Chiara Stampone (Béatrice Berbek), Akinori Ando (Ronin), Jun Kunimura (Umon), Callum Keith Rennie (Schuyler), Miki Nakatani (Madame Blanche), Mark Rendall (Ludovic Berbek).

Si con aquella gran obra de Patrick Süskind, el alemán Tom Tykwer hizo una cinta que, con sus leves deficiencias, mantenía un buen nivel, en esta ocasión, con una novela, que ha sido desde su publicación todo un descubrimiento para una pléyade de seguidores (en España ya va por su cuadragesimotercera edición) pero que (para el que escribe) no es más que una novelita con pretensiones de ser más de lo que en realidad es, el resultado de la adaptación deja bastante que desear. El canadiense François Girard no ha hecho más que compilar una colección de imágenes bellas, en paisajes exóticos (desde Egipto hasta Japón, pasando por las vastas estepas rusas), ayudado por la fotografía de Alain Dostie y la fascinante partitura de Ryuichi Sakamoto. Pero la historia de esta obsesión está apenas esbozada y las interpretaciones de sus protagonistas no ayudan a hacerla creíble en ningún momento.

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Cuando la epidemia de pebrina ataca a los criaderos de gusanos de seda de Europa a mediados del siglo XIX, y acaba extendiéndose por los lejanos países de África y el oeste asiático, el comerciante francés Baldabiou decide enviar al joven oficial militar Hervé Joncour a Japón, un país que durante siglos ha permanecido cerrado a occidente, pero que produce la mejor seda del mundo, a comprar huevos de gusano. Hervé acepta, a pesar de que deba dejar a su joven esposa Hélène durante meses. Tras su largo viaje, llega a Japón, donde entablará amistad con Hara Jubei, el líder de la aldea a la que es conducido, y conocerá a una joven, por la que se sentirá atraido al instante. Hay algo enigmático en ella, en sus ojos, que proclaman que no es japonesa. La obsesión por esta mujer va calando en el alma de Joncour, quien volverá en varias ocasiones más a Japón, a pesar del peligro que ello supone, al estar cada vez más cercana una guerra.

Seda es una película que llega a aburrir. Estéticamente se ha realizado un gran trabajo, sobre todo en la elección de decorados naturales y en la banda sonora, pero casi no hay historia, incluso menos que en la novela (en la que no pasa prácticamente nada, sino que se centra en la creciente pasión obsesiva del protagonista por un imposible) y las interpretaciones son más bien endebles (destacando en este sentido un Michael Pitt cuyo inexpresivo rostro no refleja nada, en ningún momento).

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