Mateo 1, 18-24

– ESO ME dijo, Ángel, que estaba embarazada de dos meses, y que no sabía si tener al niño. Pero, ¿cómo va a tener ese niño? ¡Yo, con 23 años, padre! ¡Y ella todavía estudiando!
Le dije que me parecía una locura ser ahora padres, que ya tendríamos tiempo. Además, a mi me gusta Miriam, pero no sé si es la mujer de mi vida. Estoy bien con ella, pero un niño es para siempre…
 

 

-Creo que tienes razón, Pepe. Yo no te veo preparado, ni para ser padre, ni para asumir una relación estable. Lo tuyo con Miriam era, creía yo, por tener alguien agradable “cerca”. Además, si ella quiere abortar seguro que puede. Y si no quiere, es su responsabilidad.

-Bueno, Ángel. Tampoco me hables como si fuera un cabrón; en el fondo esto me preocupa mucho, me angustia. Cuando mi hermana se quedó embarazada fue una alegría en casa. Con las mismas fui y le compré a mi futuro sobrino un chupete; y estaba mi hermana de dos meses y medio… Tío, que yo también tengo conciencia.

-Si Pepe, no te lo tomes a mal. Pero es cierto que un chiquillo te cambia la vida, y mucho. Miriam no ha decidido nada sin contar contigo. La pregunta no es si quieres casarte y tener un hijo, o si no quieres hacerlo. Ahora la pregunta es si quieres iniciar tu propia familia, con todo lo bueno y bonito, y con las dificultades que conlleva, o desentenderte de Miriam y de ese niño. (…).

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