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 La Hiperactividad o Déficit de Atención es un trastorno crónico de comportamiento. Afecta a un porcetaje del 3 al 5% de escolares entre 6 y 16 años, evolucionando con la edad y no siempre desapareciendo, puede persistir en la etapa adulta. La causa se desconoce pero en su estudio se han observado pequeñas diferencias en el funcionamiento cerebral del individuo así como cierto factor hereditario. Se manifiesta por excesiva inquietud, impulsividad…, hasta el punto de conllevar posibles problemas sociales, marginación, fracaso escolar y baja autoestima, pudiendo ocasionar dificultades en las relaciones e incluso en el desempeño del empleo y su conservación ya en la etapa adulta.

Y bien, ¿cómo se detecta el déficit de atención? Estas personas se distraen fácilmente ante estímulos irrelevantes. No prestan atención a los detalles. Parecen no escuchar cuando se les habla. Parecen tener la mente en otro lugar. Abandonan o cambian de una actividad a otra sin finalizar ninguna: “se cansan”, “se aburren”. Cometen errores por descuidos. No siguen instrucciones ni completan tareas. Tienen dificultades para organizar tareas y actividades. Evitan o no les gustan las actividades que requieran períodos más largos de esfuerzo mental. Pierden u olvidan artículos necesarios para realizar las tareas. Tienen olvidos en las tareas cotidianas. No son capaces de mantener la atención durante un tiempo normal. Tienen escasa persistencia en la realización de las tareas. No consiguen permanecer concentrados un tiempo similar al que pueden hacerlo otros niños de su misma edad.
Y ¿cómo se detecta la hiperactividad? Son inquietos y agitados. Corren y saltan en situaciones en las que es inadecuado. No son capaces de permanecer sentados. Responden antes de haber escuchado la pregunta completa. Les resulta difícil jugar quietos o participar en actividades de grupo. Hablan excesivamente y a destiempo interrumpiendo a los demás. Pueden tomar parte en actividades físicamente peligrosas sin considerar las consecuencias. Les resulta difícil esperar su turno. Son infatigables. Se mueven de manera excesiva y aparentemente innecesaria para lograr los fines que desean. Tienen problemas para parar y pensar antes de actuar. Presentan dificultades para trabajar por un objetivo a largo plazo. Tratan de solucionar las situaciones de forma rápida y poco reflexiva.
En fin, en cualquier caso y ante la sospecha del mencionado trastorno, primero debemos identificarlo diferenciándolo de otros acudiendo a un médico especialista que valore la situación.

Este constatará que no existen otras condiciones o circunstancias que puedan estar causando o agravando la clínica de síntomas y signos, problemas de aprendizaje y/o de lenguaje, agresividad, ansiedad o depresión.

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Una vez identificado (es de especial beneficio si el diagnóstico es precoz), el tratamiento es viable (intervenciones cognitivo-conductuales, intervenciones familiares, medicación…) trabajando coordinadamente médicos, enfermeros, psicopedagogos, la familia y el colegio del niño.

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