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torosEstoy bronceada de días bajo el sol de este país, aprendiendo más de una cultura que conocía poco. Antes de bajar del avión podría haber descrito España con solamente dos palabras: el toreo. 

Era una noche de domingo en España, en un mundo diferente en medio de esta antigua ciudad. Estaba en una isla pequeña, rodeada de arena dorada y circundada por un mar de rostros. Hileras de humo de cigarrillos se amontonaban hacia la vida fuera de esta plaza. Estaba aquí para ver por mí misma la belleza y la bestia.
A las 6:30 horas las verjas se abrieron. Cuando el primer toro entró corriendo en la plaza, el ritmo de cada paso rápido latió por mi cuerpo. Sentí el peso del animal machacando sobre la tierra. Y sentí la agonía indefensa tras la primera puñalada del picador.

El primer pinchazo –para mí– fue mucho peor que el último y fatal. El último termina con la vida, pero durante el primero la fuerza de voluntad y el alma empiezan a morir. La velocidad e intensidad de la forma de andar fue sustituida por locura y espuma blanca goteando de su boca. Empezó a orinarse indomablemente de terror. Su piel negra estaba empapada en sudor y sangre. Era desgarrador.

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Era una lucha injusta. El animal estaba condenado a muerte desde el principio. Pero si pudiera hacerse de manera justa, con hombre y animal compartiendo una posibilidad igual de dolor y muerte, solamente entonces esta imagen despertaría una crítica renovada. Solo cuando un hombre es la víctima se oyen gritos de tortura.

Pero la ética no era totalmente o blanco o negro para mí. Había momentos en los que apreciaba la corrida de toros por la belleza pura. La muleta muda como un pedazo de viento colorado entre el baile de zapatos y pezuñas. Era un sentido de peligro y emoción que envolvía la plaza. Era testigo de un evento que millones de personas habían visto antes que yo. Estaba viendo un pedazo de historia.

Pero como millones antes que yo, tenía la responsabilidad no solamente a ver, sino de valorar también. Era una lucha clásica entre hombre y animal. No sabía si el protagonista era el animal con cuatro piernas o dos. Entonces me di cuenta: la respuesta estaba ahí enmedio. Hay una bestia en la belleza y belleza en la bestia.

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