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Leo que se han reunido en un Congreso eminentes especialistas para concluir en los efectos positivos que tiene la risa para la salud y me lo creo. Sabemos que reírse siempre fue estupendo para el cuerpo. Pero ahora se llama risoterapia porque, al reírnos, liberamos gran cantidad de endorfinas, que son las hormonas causantes del bienestar y se recomienda la carcajada como un analgésico natural. 

Parece que la cosa viene de lejos porque ya Aristóteles proclamó en su momento la bondad terapéutica de la risa. Pero como la alegría quita los miedos, y es prima hermana de la libertad, los malvados de la Historia le echaron tierra encima a las teorías aristotélicas y así fue creciendo la mala uva transmitida y heredada de generación en generación.  

Ahora ya sabemos, que no es poco saber, que cuando nos reímos ponemos a trabajar más de cien músculos. Se activan los de la cara, la cabeza y el cuello. Si el rato de hilaridad se alarga se mueven los intercostales, los abdominales, el diafragma y toda cuanta célula feliz sea la que navega por los relajados ríos del divertido ‘body’. También reactiva el sistema inmunológico y así nos fortalece contra los virus y las bacterias que nos atacan. Es creativa, genial, fenomenal, sedante. Combate los bloqueos físicos, mentales y sexuales… Vamos, que es tan grata y tan saludable como el jamón lloroso, la gamba blanca y el chocolate negro.  

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Una persona alegre, (alegre, no cargante), ahuyenta siempre el mal fario y crea confort a su alrededor. Recuerdo cada día la gracia natural de mi madre. Ella ya no está. Pero sus dichos y refranes, sus cantares y sus relatos, no se me caen del pensamiento. Evocarla con su buen humor y su agudeza mental es un tesoro espiritual que me acompaña siempre.

Las ganas, la voluntad y la predisposición al buen humor son cualidades innatas de un ser humano afable y amable por naturaleza. Pero también influye en eso la educación recibida, la actitud ante las cosas y la buena o mala condición del individuo. La envidia, la ambición y la mediocridad han sido siempre los peores enemigos de la alegría y la combaten sin tregua. Pero ella siempre sale ilesa y fortalecida porque es compañera de la belleza y de la verdad.

Gran contento decía tener santa Teresa con las pequeñas cosas. Esa puede ser una buena receta para acercarse a la felicidad. En medio de su fortaleza y su seriedad la madre reformadora fue una guasona de gran calado. A San Juan de la Cruz lo llamaba “ese medio fraile” porque era chaparrito de estatura y “mi Senequita” por su gigante entendimiento…

Teresa de Cepeda y Ahumada es un maravilloso caudal de verdad y de vida, un bello camino de mística perfección jovial. Su obra es un regalo de extraordinaria sabiduría que ya entonces sirvió para alcanzar la dignidad feminista… y para que llegásemos libres nosotras aquí y ahora. Hoy es Doctora de la Iglesia y está ya para siempre en la Historia del Pensamiento y el Saber de las Mujeres.

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