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 película la buena vozLA BUENA VOZ

Rodada prácticamente de modo experimental, en vídeo digital, casi sin música, sin iluminación, con la cámara al hombro, acercándose peligrosamente al Dogma de los daneses, el sevillano Antonio Cuadri (en cuyo currículo se encuentran series como Al salir de clase o Manolito Gafotas, programas como Lo + plus, varias tv-movies y los filmes La gran vida y Eres mi héroe), abandona (al menos de momento) la comedia con la que comenzó para afianzarse en un cine más dramático, con más sentimiento.

FICHA TÉCNICA
España, 2006.Director: Antonio Cuadri. Producción: José Portela y Francisco Lázaro. Guión: Claudio Crespo. Fotografía: Gaizka Bourgeaud.
Música: Juan Carlos Pérez.
Montaje: Mercedes Cantero.
Duración: 93 minutos.
Intérpretes: José Luis Gómez (Pepe), Pilar Velásquez (Rosa), Biel Durán (Jordi), Klara Badiola (Begoña Olabarria), Ricard Sales (Mikel), María Luisa Goirigolzarri (Doña Remedios).

La buena voz, título tomado de unos versos de Antonio Machado, nació como un cortometraje, pero la historia fue creciendo, tomando forma, hasta llegar a ser el largometraje que se presentó en nuestra capital el pasado jueves, con la presencia del director y la actriz protagonista.
Pepe es un taxista en la cincuentena, lleva una vida aburrida y tiene problemas de corazón. Pero su vida está a punto de cambiar radicalmente. Una amiga de su mujer, con la que él tuvo una aventura cuando trabajaba de chofer para la familia de ella, y cuando ambos estaban casados, regresa a la ciudad tras más de veinte años de ausencia. Con ella trae una noticia demoledora: Pepe es el padre de Jordi, su hijo pequeño. Para él, la noticia lo cambia todo. Sin hijos en su matrimonio, se verá en la necesidad de conocerle, aunque parece ser que su mujer, aburrida de su vida, tiene más ganas que él. Pero el hijo no es como Pepe esperaba, ya que Jordi es homosexual y seropositivo, lo cual supone un muro contra el que chocan las ideas bastante toscas de Pepe.

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Cuadri viaja a Bilbao desde la Sevilla en la que transcurría su anterior cinta (y antes de volver al sur, a Huelva, donde se desarrolla su  nuevo proyecto, que ya rueda), y es este escenario frío, esta luz ‘oscura’ del norte, la que da ese tono azulado a la cinta, esa oscuridad no solo en la tonalidad lumínica, sino también en los sentimientos de los personajes, sentimientos que se encuentran en los gestos, en las miradas, en los silencios (que hay, y  muchos, en toda la película) y en las palabras, sin necesidad de buscar la acentuación a través de la música, gesto tan habitual en la cinematografía de otros países que ya aburre ver según que cinta.

El director sevillano ha sabido rodearse de un elenco actoral sobrio, en el que destacan, por encima del resto, unos sublimes José Luis Gómez y Pilar Velásquez, curtidos ya en mil batallas, tanto en el cine como en las tablas teatrales, y que llenan de vida a unas personas (más que personajes) con una vida aburrida, en la que no tienen nada ni nada esperan, pero que de pronto, de la manera más sorprendente, ven un atisbo de luz en sus grises existencias.
Si bien es cierto que tiene sus defectos, nadie es perfecto, La buena voz es una cinta para paladares exquisitos, lejana de estridencias, de aparatosas puestas en escenas, es una de esas cintas –llamadas– menores que hacen grande al cine.   

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