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De los barrios que forman Dos Hermanas
hay de todas las formas y los tipos
cada cual con sus señas y arquetipos
escardando sus logros, y sus lanas…
Montequinto es un barrio que es curioso:
nazarenos de un barrio que se siente
sevillano, al llenarlo tanta gente
proveniente del ruido del coloso,

que exhibe sus desmanes por monteras.
No saben si llamarse nazarenos,
sevillanos de fuera, cuando menos:
esto ocurre al vivir en las fronteras.

Sin embargo, no es sólo la actitud,
la forma de sentir su pertenencia,
el problema que el barrio, con urgencia,
pide a gritos salvar con prontitud.

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Desespera en el barrio, pues persisten,
cuestiones con no pocas nochebuenas:
el tráfico, el mercado o las antenas,
haciéndoles gritar, que ellos existen.

Y hablando de existir y mejorar,
ya está abierto a la crítica el proyecto
de que nos toque el metro en su trayecto
que hasta aquí, Dos Hermanas, va a llegar.

No se si llegará hasta Dos Hermanas;
lo que sí que llegará, sin duda alguna
es la feria que en luz hace fortuna,
y va llenando a abril, de sevillanas.

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