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El número de penitentes ha aumentado de forma considerable este año con 46 tras el Cristo

La sobriedad ha sido la tónica general de la estación de penitencia de la Hermandad del Santo Cristo de la Vera Cruz y María Santísima del Mayor Dolor. Con las últimas luces de la tarde del Jueves Santo se ponía en la calle la Cruz de Guía de la Hermandad, acompañada por dos servidores niños y varias parejas de cirios de escolta, dos de las novedades de este año para esta cofradía.  

Con discurrir silencioso y solemne, los hermanos nazarenos se adentraron en las calles del centro de la ciudad, por donde los fue encontrando la noche. Imponente como siempre, apareció la figura del Santo Cristo de la Vera Cruz en el umbral de la puerta de la capilla de San Sebastián, este año sin acompañamiento musical. Es la primera vez desde 1978 que este paso de Cristo procesiona sin música, lo que otorgó al cortejo una mayor sensación de austeridad, objetivo que la Hermandad persigue desde hace varios años y que ha tenido en esta supresión la culminación de esta etapa, aunque no se descartan otras reformas. Sólo el arrastrar de los pasos de los costaleros se oían en la entrada de la Carrera Oficial donde, como es habitual, al llegar a Santa María Magdalena, las presidencias de ambos pasos entraron en la Parroquia y rindieron culto al Santísimo.
De vuelta a su capilla, la cofradía hizo su presentación en el Gran Poder, uno de los momentos más íntimos y emotivos por la oscuridad en la que se recibió a la talla del Crucificado, acorde con la seriedad y la contención de la cofradía de los nazarenos de la Vera Cruz. Un recogimiento que se vio reforzado por el aumento de penitentes que desfilaron detrás del paso de Cristo repartidos en dos tramos; hasta 46 fueron los que portaron cruces, con un acercamiento al Cristo de la Vera Cruz ya que no había ninguna banda de música entre los penitentes y el paso.
La Virgen del Mayor Dolor estuvo acompañada por la Banda Municipal de Música Fernando Guerrero, de Los Palacios, cuyo palio ha sufrido también modificaciones en aras de la sobriedad de estilo. Sin velas rizadas y con una reubicación de la candelería, María Santísima procesionó con andar contenido y sin aspavientos, detrás de su Hijo en la Cruz. A pesar del silencio y la austeridad, el público acogió de buen grado estos cambios en una de las Hermandades más antiguas de la ciudad y que siempre se ha caracterizado por su seriedad, que va en aumento con los años.

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El sonido del silencio 

La decisión de suprimir la música en el paso de Cristo ha sido bien acogida por los cofrades, aunque a cierto sector de la población todavía le queda aprender una lección de respeto, ya que en algunos momentos el público no guardó el debido silencio. 

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