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 Para los que tenemos un trabajo que requiere estar pegados a Internet, la historia que cuento a continuación es pura rutina.

Llegamos por la mañana y como si de un acto reflejo se tratara encendemos el ordenador para ver el correo electrónico. Pero, cómo no, tenemos que filtrar las cartas que van dirigidas realmente a nosotros en medio de un montón de cartas de lo más diversas y que día tras día acaban por convertirse en un verdadero incordio. Se trata del conocido SPAM o correo no deseado, que en España quedó oficialmente ilegalizado en la Ley de Servicios de la Sociedad de la Información y de Comercio Electrónico, publicada en el BOE del 12 de Julio de 2002.

 Para llegar a este punto de repetido incordio matutino algo tendremos que haber hecho mal. En efecto, tiempo ha que un incauto (probablemente yo) registró el correo electrónico de mi empresa en el formulario web de alguna empresa de dudosa moral, que a su vez vendió los datos a algún adocenado SPAMMER (el que manda los correos ilegales) que se dedica a alegrarnos cada mañana con cartas falsas procedentes de Nigeria y ofertas de Viagra por Internet.Las cartas de Nigeria son por excelencia el timo del tocomocho en Internet. Cada una de ellas es larga y elaborada. El remitente suele ser algún familiar de un empresario del petróleo, o incluso un político. A nosotros nos suele escribir el mismísimo Charles Taylor, ex-presidente de Liberia requerido por La Haya por crímenes de guerra (¡qué honor!). Bueno, pues el tipo que escribe en nombre de Charles Taylor nos dice que tiene una cuenta con ‘nosecuantos’ millones de dólares, y que busca un inversor europeo a quien transferirle el dinero para que lo administre. La víctima que contesta a semejante propuesta es animada a enviar una cantidad inicial a una cuenta para los primeros trámites, y una vez hecho se acabó la historia. Charles Taylor desaparece, y el dinero de la víctima también.

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Si bien el tráfico de virus informáticos a través del correo electrónico ha disminuido, no podemos decir lo mismo de la sustracción de identidad o Phishing, que actualmente se encuentra en la cresta de la ola de los timos. También suele llegar en forma de correos electrónicos, pero en esta ocasión el mensaje intenta emular la imagen corporativa de algún banco o entidad financiera conocida. Te cuentan que tu clave de acceso al banco ha sido suspendida por razones de seguridad, y que por favor rellenes cierta página web con tu clave para reactivarla. Por supuesto, la página web donde rellenas tus datos personales y tu clave también tiene la imagen corporativa del banco que intentan emular. Es fácil imaginar las consecuencias de rellenar dicho formulario. Los ladrones de identidad lanzan su anzuelo sin necesidad de saber si el banco que emulan es el tuyo o no. De unos cuantos miles de correos, tal vez unos cientos vayan dirigidos a gente que da la casualidad que son clientes del banco que emulan. Y puede que de esos cientos alguno caiga en la trampa. El año pasado se registraron en España unos 300 casos de mordedura de anzuelo. Aunque son los norteamericanos los que están a la cabeza en lo que a ingenuidad se refiere (también son los que más ataques reciben). La última moda es emular no sólo a bancos, sino a instituciones del gobierno regional y nacional; digno de un artesano (con perdón de los artesanos).
Aprovecho el cierre de esta semana para hacer un llamamiento a todos aquellos aficionados a las cartas en cadena. Si os sorprende que recibáis tanto correo basura, ya os he dicho la causa. Las cartas en cadena son el medio más habitual para coleccionar direcciones de e-mail activas y enviarles SPAM. Incluso esas presentaciones tan bonitas en Powerpoint son a veces ganchos para que vuestra dirección de e-mail circule en alguna cadena. Y no, no os van a cerrar urgentemente la cuenta de Hotmail si no enviáis 18 e-mails. Tampoco va a llegar ningún e-mail con el título “Torturas de la dictadura Argentina” que contenga virus. Todos estos son globos sonda de los SPAMMERS para que de envío en envío se vayan acumulando direcciones de correo electrónico que eventualmente vuelven a ellos y pueden utilizar de forma ilegal. Afinemos esa picaresca que tanto nos caracteriza. No dejemos que nos engañen; el 90% es cuestión de sentido común.

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